La idea propuesta era darle continuidad al trayecto de la versión otoñal para recorrer el tramo entre Benifallet y Tortosa, haciendo el paso por la esclusa del Assut de Xerta y parando en esta localidad a celebrar con una estupenda fideuà el reencuentro con un buen número de amigos.
Unos cuantos decidimos trasladarnos ya la tarde anterior para no tener que madrugar tanto y para compartir más momentos de kayak y fiesta.

Comienza la aventura, coche cargado, autopista y ganas de llegar.

Al llegar a Benifallet comencé a encontrarme con la avanzadilla del descenso, Juanjo e Inma, Manel Btc, Blauet (el alma mater de estos descensos por el Ebro), Eduard, David Jové y familia, Koe, los Makis de Sils, Ramón y Mónica, Dani, Jose Luis y familia, CapitanRemo, Oscar... y el numeroso y divertido grupo llegado desde la costa alicantina capitaneados por Maricarmen Conca. No nos resistíamos a la fiesta y a la broma a orillas del río.

Por la mañana apareció un cielo completamente despejado y poco a poco fueron llegando el resto de participantes, algunos menos de los 80 que habían confirmado su asistencia. En medio del barullo inicial saludos a todos: imposible recordarlos sin olvidarme de alguno... Albert, Paco, Carme Adell, Carlos Fadrique, Manu, Txus, Hombrealagua, Peplluís, Jordi Hernández, Rafagurú, Jordi Curià, Jaume... y muchísimos más... procedentes de Alicante, Valencia, Castellón, Zaragoza, Lleida, Tarragona, Barcelona, Girona y Andorra...
El río bajaba majestuoso y limpio a pesar de la tromba de la noche anterior y la temperatura era fresca y agradable. Todo el mundo tenía ganas de pasarlo bien y poco a poco fuimos entrando en el agua.



El plan incluía remontar el Río Canaletes, uno de los últimos afluentes del Ebro antes de llegar al Delta. Sus aguas rojizas a causa de la tormenta le daban un aire amazónico y selvático. Todos disfrutamos de ese momento.



Los kayakistas seguíamos navegando aguas abajo, disfrutando de una estupenda matinal, conversando con cuantos teníamos a nuestro alcance, deseosos de llegar a lo que sería el plato estrella de la jornada: el paso por la esclusa del Assut de Xerta.
Tras doblar una curva del río nos encontramos con un paisaje fascinante, el largo del cauce, las agrestes montañas de Paüls y el Molino de Mollet que se reflejaba en el agua:
Tras doblar una curva del río nos encontramos con un paisaje fascinante, el largo del cauce, las agrestes montañas de Paüls y el Molino de Mollet que se reflejaba en el agua:

Después nos fuimos acercando al morro rocoso de la Roca de l'Hombro cuyas paredes verticales se desplomaban al agua de manera muy atrayente:



Tras agruparnos en el centro del río y esperar a los más rezagados comenzamos la maniobra de aproximación y entrada a la esclusa del Assut de Xerta, esperando pocos minutos dentro de la misma a que se vaciara y poder salir de nuevo al río. Fue una experiencia fantástica:






Y ya con todos deseando llegar al Embarcador de Xerta para reponernos con una prometedora fideuà hicimos aquellos kilómetros finales sin casi detenernos, únicamente entrando por el brazo de Tivenys:


Una vez en el embarcadero de Xerta nos preparamos para disfrutar del descanso y de una agradable fideuà preparada por Cinta, quien amablemente nos atendió e hizo que recobrásemos la fuerza a base de ensalada, pan con tomate y embutidos, la mencionada fideuà y unos postres de helado y coc de Xerta.
La sorpresa la protagonizó el alcalde de esta localidad quien no quiso ser menos amable que su vecino de Benifallet, montando las mesas y sillas para nuestro descanso y viniendo en persona a saludarnos y traernos garrafas con vino dulce y deliciosos pastissets de taronja, típicos de Xerta.


Y sin más demora volvimos al agua para afrontar una tarde de kayak ya calurosa y vivir nuevas emociones y encuentros hasta llegar a Tortosa adentrándonos en las lagunas interiores de la Illa de Audí, cerca de Bítem, refugio natural de aves y nutrias, por cuyos caños nos adentramos, con el mayor de los respetos, escuchando las interesantes explicaciones que iba dando Blauet.


El descenso se acababa, se intuía la llegada a Tortosa. Una sirena nos alertó del paso de una barcaza tradicional a nuestro lado mientras que poco a poco aumentaba el número de pescadores en las riberas.
Cuando avistamos Tortosa Blauet nos explicó brevemente parte de la rica historia de la ciudad, sus orígenes, su glorioso y floreciente pasado, y su realidad actual a expensas del denostado trasvase del Ebro.



Imagen prácticamente cenital.
