27 de enero de 2013

Días de invierno en el Valle del Jerte

El olor de las hojas caídas en las riberas, los robles pelados en la sierra, la nieve caída en los colosos que coronan el Valle del Jerte, Calvitero (2.400) y La Covacha (2.395), techos de Extremadura, el canto de las aves de invierno, el sonido de las esquilas de la ganadería... y aquella sensación de pisar el suelo de la dehesa, verde, blando, mullido y empapado de agua. Aquí nací y crecí. La percepción de este entorno siempre estira los pliegues de mi cerebro.


Pesquera del KM4. El sonido de la corriente a lo largo de la ribera, el olor de las hojas caídas y los reflejos del agua, ingredientes esenciales de este entrenamiento.

 Correr por las orillas del pantano, rodeando las colas y esquivando las ganaderías. Una pequeña y gratificante aventura.

 El Embalse del Jerte, con la característica sección en V de esta falla tectónica que parte el Sistema Central. La Sierra de Béjar a la izquierda, con la cima nevada del Calvitero (2.400 m), techo de Extremadura, y la Sierra de Tormantos, prolongación de Gredos en Cáceres, con la cima nevada de La Covacha (2.395). Ambas cumbres coronan el Valle del Jerte.

 Encinas, robles, vacas, canchos y hierba. Así es el campo de Plasencia.

 Temperatura agradable y viento en calma en la dehesa extremeña.

 Algunas vacas, recelosas y vigilantes de sus crías, mugían preventivamente a mi paso. Yo no perdía la vista a los cuernos afilados.

 De regreso, dejando atrás la Sierra de Cabezabellosa y las cumbres nevadas del Calvitero.

Arboles de ribera a orillas del Jerte, chopos, fresnos, sauces... y el sonido del agua en la corriente...

Uno de los ojos del Puente Nuevo de Plasencia.



Días más tarde decidí adentrarme en la Garganta de los Infiernos. Hacía años que no pisaba este sector apartado, agreste y salvaje del Valle del Jerte, completamente despoblado pero auténtico en su esencia.
Siguiendo parte de la denominada Ruta de Carlos V, uno de los grandes personajes de la historia universal que cruzó estas montañas para buscar retiro en el monasterio que ordenó construir en Yuste, en la amable y templada vertiente sur de la Sierra de Tormantos.
Con el suelo helado hasta que se puso a llover, fui ascendiendo por la Garganta de los Infiernos en dirección a la Collada de las Yeguas, atravesando primero unos tupidos pero desnudos bosques de castaños y luego un enorme robledal salpicado de rocas cubiertas por musgo. Como sonido ambiente el incesante rugir de las gargantas y sus cascadas, la de los Infiernos, con sus innumerables pozas y marmitas, la Garganta Serrana y la Garganta de las Yeguas. Cuando llegué a la Fuente de Robledohermoso se puso a llover y decidí dar media vuelta, disfrutando de un descenso especial, en un lugar mágico, en absoluta soledad, y bajo la lluvia, como más me gusta...


 Subiendo hacia el Cerro de las Uvas, en medio del castañar. Las barras de nubes en cada ladera del valle dejaba pasar sorprendentes franjas de sol.

Claro en el bosque de castaños, con el pueblo de Jerte en el fondo del Valle y la Sierra de Béjar que se iba tapando rápidamente.

 Desde el Cerro de las Uvas se veía nieve en las zonas altas de la Sierra de Tormantos.

 La Covacha, 2.400 m, tapada por las nubes, domina la Garganta de los Infiernos.

 Los robles desnudos cubren por completo este apartado rincón del Valle del Jerte. Los saltos de agua muestran la cara más salvaje de Extremadura.

 Los Pilones, angosto paso que el río se ha abierto excavando caprichosas pozas y marmitas, con numerosas cascadas entre ellas.

Los Pilones, uno de los rincones más bellos del Valle del Jerte.

 Una de las muchas pozas excavadas en las rocas por el agua.

 La Garganta de los Infiernos en Los Pilones, aguas abajo.

 En los lugares más misteriosos siempre busco un momento para escuchar la naturaleza y reflexionar sobre nuestra esencia.


 Uno de los muchos saltos de agua que caen desde los Tres Cerros.

 El Refugio del Puente Sacristán, donde se juntan las gargantas Serrana y de las Yeguas.

 Robles centenarios en Los Gavilanes.

 Subiendo hacia el Collado de las Yeguas.

 Saltos de agua en el Puente Carrascal.

Peña Caldera y El Cogotón, desde Robledohermoso. Los helechos agudizaban los ocres del bosque de invierno.

Comenzaba a llover y decidí dar la vuelta en Robledohermoso.

Cabaña de pastor en Robledohermoso.

Ventisca en el Puerto de Honduras, en las laderas de la derecha del Valle del Jerte.

La Garganta de los Infiernos desde Robledohermoso.

Autofoto bajo la lluvia al pasar por el Arroyo de los Gavilanes.

Garganta de los Infiernos. Vista atrás al Cerro Carretas.

La lluvia arreciaba a medida que perdía altitud. Robles centenarios en el cauce de la Garganta de las Yeguas.

Los Pilones, de regreso, unos kilómetros antes de terminar este increíble entrenillo en uno de los rincones más bellos de Extremadura.

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