Esa fascinación se ve ahora acrecentada cada vez que me dispongo a subir a las montañas, como era este caso, para participar en la Cap de Rec, carrera de 52 kms y 5.400 m de desnivel total acumulado, a caballo entre la comarca de la Cerdanya (Lleida/ Girona) y el Principat d'Andorra.
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Perfil longitudinal de Cap de Rec, en donde destacan las 2 principales subidas a Vallcivera y a Perafita, por encima de 2.500 m de altitud, y la grandiosa bajada a lo largo del valle del Riu Madriu.
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Se trataba de mi 2ª participación en la carrera. El año anterior quedé maravillado por los paisajes, por la altitud, por la organización, por los amigos con los que la compartí... y este año convencí a unos cuantos compañeros de mi club para que vinieran a disfrutarla, y a Mª Angeles para que me diera su apoyo y compartiera conmigo los momentos pre y post competición.
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La bajada a Viliella fue muy rápida. Enseguida noté que este año la gente no andaba con miramientos y todo el mundo bajaba al límite. Durante esa bajada escuché detrás mio una voz familiar que no paraba de saludar a todo el mundo, no podía ser otra que Angela Run Cicling, apasionada del ultrafondo y de la montaña, inmersa en una triada de miedo (Cavalls del Vent, Cap de Rec y Peñalara) en sólo 14 días...
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La subida por la Vall de la Llosa la hice acompañado por Diego, ir con él siempre es divertido y el camino se hace muy llevadero. También volví a encontrarme con Angela. Sin darme cuenta había llegado al control de Prat Xuixirà para afrontar la primera subida exigente, el Port de Vallcivera.
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Al igual que el año anterior, el paso por Vallcivera resultó un tanto desolado por el viento y el frío. Aún así, la silueta de las cimas más altas se me iba aproximando, ganando en altitud a cada paso que daba y notando cómo ésta me afectaba en el ritmo de carrera, teniendo que hacer los últimos metros de una manera muy conservadora. Diego había quedado atrás y ahora ya corría solo.
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El siguiente tramo correspondía al descenso de 15 kms y casi 1.500 m de desnivel por el seno de la Vall del Madriu, uno de los parajes naturales mejor conservados del Pirineo, declarado Patrimanio de la Humanidad, ya en el Principado de Andorra. Los primeros kms me resultaron desangelados, con un viento helado que se metía por todas partes y unas montañas desnudas y desprovistas este año de nieve. Tras fichar en el control del Estany de l'Illa no me detuve y me fui corriendo valle abajo, por un camino delicioso que serpentea entre lagos, riachuelos y el propio río Madriu, hasta encontrar el repecho de Coll Jovell que anuncia la llegada a Engolasters y a la civilización.
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Tras bajar por un camino empedrado hasta Les Escaldes comenzaba el sector más duro de toda la prueba, la subida de casi 1.500 m de desnivel en apenas 7 kms a lo largo del río de Perafita, por un sendero que bordeaba contínuamente el río, al principio muy tupido de vegetación baja, dando paso a bosques de árboles altos y terminando a 2.200 m de altitud en unos prados de Perafita completamente desprovistos de arbolado.
Tras bajar por un camino empedrado hasta Les Escaldes comenzaba el sector más duro de toda la prueba, la subida de casi 1.500 m de desnivel en apenas 7 kms a lo largo del río de Perafita, por un sendero que bordeaba contínuamente el río, al principio muy tupido de vegetación baja, dando paso a bosques de árboles altos y terminando a 2.200 m de altitud en unos prados de Perafita completamente desprovistos de arbolado.
Comencé animoso, pero poco a poco fui perdiendo gas. Angela intentó animarme a que suguiera su ritmo, pero no podía. El cerebro me pedía aflojar y la respiración era cada vez más dificultosa con el aumento de la altitud. Pero al salir del bosque y dejar de lado el estruendo de las cascadas del rio de Perafita me recuperé. Un calco de la situación vivida el año anterior en el mismo sector.
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La subida final al Port de Perafita, de casi 2.600 m de altitud, entró dentro de lo previsto, con mucho esfuerzo y mucho sufrimiento, pero con el ánimo de saber que luego vendría el último tramo, una auténtica gozada para cualquiera de los corredores: 10 kms a través de la pista de esquí nórdico que llevaba de vuelta hasta el Refugi de Cap de Rec.
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Y como me suponía, los 10 kms finales fueron un auténtico lujo de disfrutar corriendo a más de 2.000 m de altitud. Tras coronar Perafita bajé por una trialera muy técnica al control del Estany de la Pera y luego pude correr hasta meta, por una pista amplia en su mayor parte, con un viento suave y fresco que ayudaba en estos momentos finales a no desfallecer y seguir con la mente sólo puesta en la llegada y en quienes allí me esperaban.
Dentro del bosque comencé a escuchar la megafonía de la meta, cada vez más nítida. Una trialera final me condujo a un prado abierto en donde la gente comenzaba a animarme a seguir. Veía que bajaría mi marca en esta carrera y ví a Mª Angeles. Ella me cogió de la mano y me acompañó hasta la carpa de la meta. Entré muy feliz, muchísimo, por su gesto, por mi marca y por notar que entraba muy dignamente, en absoluto roto como lo hice el año anterior, parando mi reloj tras 9 horas y 6 minutos de carrera y entrando en el puesto 137 de los 530 participantes.
Tras saludar a los amigos que ya habían llegado esperé a mis compañeros del club y a otros amigos que estaban aún por llegar, disfrutando con todos ellos de un final de carrera muy feliz para todos, a gran altura, nada más y nada menos que a 2.000 m. de altitud.
Tras saludar a los amigos que ya habían llegado esperé a mis compañeros del club y a otros amigos que estaban aún por llegar, disfrutando con todos ellos de un final de carrera muy feliz para todos, a gran altura, nada más y nada menos que a 2.000 m. de altitud.
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Pero Cap de Rec 2.011 no se acababa aquí. Habíamos decidido permanecer en la Cerdanya todo el fín de semana y nos quedamos un día más para descansar en ese imperio de tranquilidad. Tras una cena reconstituyente salimos todos a dar un paseo nocturno por Lles de Cerdanya, encantador y tranquilo pueblecito, hasta notar que la sensación de fresco te pedía ir a dormir. Por la mañana, sin prisas, nos dejamos envolver por la dinámica de la montaña. Aún tuvimos tiempo de hacer turismo y compras en Martinet, recorriendo sus calles y dejándonos llevar por la paz que se respiraba.
Como cierre, subimos a comer a otro pueblecito encantador, Arànser, en donde disfrutamos de su recogimiento, de su suave temperatura y de su deliciosa gastronomía tradicional y natural.
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