19 de octubre de 2010

Ultra Trail Serra de Montsant: sensacionales 97 kms de sensaciones.

Tendré que esperar, otra vez, a encontrar una carrera de 100 ó más kilómetros, alguna que me lleve a alcanzar las 3 cifras tras los recortes en la revisión del recorrido que sufrieron la Núria-Queralt-Berga (se quedó en 96 kms) y el Ultra Trail Serra de Montsant (se quedó en 97).
Pero aún así estos 97 kms han sido la mayor distancia oficial que haya corrido nunca, hecho que me llena de gran satisfacción, sin duda.
Se trataba, además, del 6º ultra de esta temporada tras Montseny, Cap de Rec, Núria-Queralt-Berga, Cavalls del Vent y Matagalls-Montserrat, y con esos 97 kms llego también a los 645 kms en competición oficial, de un total de 16 carreras, en lo que va de año... si la salud me lo permite espero que no se quede ahí...
El amigo Xavi Moll me comentó hace meses que en la Serra del Montsant (Tarragona) se disputaba un ultra de 100 kms... algo muy apetecible que no podía dejar pasar... y allí nos vimos... en la salida de Cornudella de Montsant.
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Con Xavi Moll en la salida de Cornudella de Montsant.

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Aunque de reciente creación, era la 2ª edición, la carrera respiraba alto nivel por todas partes, por la organización, por los participantes (se tenía la última oportunidad de recaptar 3 puntos para poder participar en el Ultra Trail del Mont-Blanc 2.011), por los patrocinadores, por los paisajes... y por las características técnicas del recorrido, con un perfil de 97 kms, 7.000 m de desnivel total acumulado, y tramos de gran dificultad técnica, como las bajadas de 400 m de desnivel a Ulldemolins, La Vilella Baixa y La Morera, ó la tremenda subida de 500 m de desnivel de Escaladei a la Serra Major a través del Grau de l'Escletxa, paso estrecho y completamente vertical que con la ayuda de cuerdas llegaba cuando ni la mente ni el cuerpo estaban en absoluto para esas fiestas allá por el km 82...

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Perfil longitudinal del UTSM.
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La temperatura ambiente a primera hora de la mañana era de 3ºC y ello hacía presagiar frío en las umbrías y sobre todo por la noche. Pero no fue obstáculo alguno para que se diera la salida a los 185 participantes que acabábamos de pasar el control de material en la salida.
Me daba la sensación de que había gente muy bien preparada, y tras despedirme de Xavi Moll al darse la salida me dí cuenta que todos se lo tomaban muy en serio imprimiéndose un ritmo alto ya en las calles de Cornudella, nada más comenzar la carrera.
La subida al control 1, ubicado en el Camí dels Cartoixans, se hizo muy rápida, a través de un estrecho camino que conducía hasta los mismos pies de la montaña.
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Camino del control 1, entre almendros y viñas, con el Montsant delante mismo.
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El tramo de Albarca era sinuoso, con ligeras subidas que iban dándole altitud a la carrera, y con participantes que me iban adelantando poco a poco, pero comprobando que el grupo se iba estirando sin remedio. Por los pocos participantes y por lo largo de la competición preveía una carrera en completa soledad...
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Albarca esperaba en lo alto de una colina poblada de robles. Era el control 2.
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Tras dejar atrás Albarca había que continuar por una pista de subida a la Mare de Déu de Montsant, 200 m de desnivel por una pista forestal... y primeros posicionamientos fijos, con atletas con los que poco a poco iría coincidiendo en diferentes puntos de la carrera.


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Salida de Albarca, con la pista que conducía arriba del todo de la montaña.
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Con la altitud el aire se volvía más frío, el viento iba apareciendo y los árboles se tornaban amarillos. Ulldemolins, km 19, aparecía allá abajo, en la lejanía, esperando...
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Casi llegando a la cima, poco antes de llegar al control 3, cerca de la Mare de Déu de Montsant, con la Roca Corbatera al fondo.
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Pasando delante de la ermita de la Mare de Déu de Montsant, fotografía propiedad de Gorka Martínez.
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El siguiente tramo iba cresteando por todo lo alto de la vertiente nordeste de la Serra Major, buscando pasos increíbles a lo largo del Cingle de Fontalba hasta llegar al control 4 en la Punta dels Pins Carrassers, para comenzar una alocada bajada a Ulldemolins.
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Pasos imposibles entre los huecos de las rocas del Cingle de Fontalba.
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Grau del Llop, tremendo precipicio con Ulldemolins cada vez más cerca...
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En la bajada de 400 m a Ulldemolins tuve malas sensaciones. Me dolía el tobillo izquierdo y se trataba de una bajada muy empinada y técnica. Muchos corredores me adelantaron y ello creó en mí una sensación de lentitud, de pesadez, de agotamiento... y sólo llevaba unos 15 kms ¡y me faltaban 82!
El avituallamiento de Ulldemolins me sentó muy bien, recuperé el aliento y la moral y comencé la pequeña subida a la ermita de Sant Antoni sin darme más tregua, vendría un tramo larguísimo de 17 kms sin ningún tipo de ayuda, ni controles, ni avituallamientos, ni núcleos poblados, a través del Congost de Fraguerau y del cauce del Riu de Montsant.
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Bajando al Congost de Fraguerau.
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Dentro del Congost de Fraguerau.
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Este tramo de trail puro a través del sinuoso cauce del Riu de Montsant, con contínuos toboganes por terrenos pedregosos, otros húmedos, bordeando el río, con corredores que poco a poco comenzaban a resultar familiares, duró más de 2 horas y en él la carrera se asentó en cuanto a posiciones para todos los participantes.
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Penya Roja y el Pantano de Margalef.
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Puente colgante sobre el Barranc de la Taverna.
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Antes de llegar a Margalef había que transitar por la carretera que baja desde el pantano, buena prueba para comprobar el estado de las plantas de los pies, mientras decenas de escaladores disfrutaban colgándose sin más de las rocas a nuestro paso.
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Margalef, km 40 de carrera... eran las 4 de la tarde y llevaba ya 6 horas de competición.
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A fuerza de coincidir en el recorrido hice una sociedad con otro corredor, Artur Balfegó, a quien acompañaría hasta el final de la carrera, apoyándonos cuando más falta nos hizo a cada uno en cada momento. Tras pasar por La Bisbal de Falset, precioso pueblo de interior anclado en los estratos de la montaña, tomamos una pista forestal que nos condujo a través de un paisaje de cuento, con infinidad de precipicios y cuevas, a través de la Serra dels Solans para ir a parar al control 9 en la ermita de la Mare de Déu de la Foia. Los cuádriceps se sumaban a los problemas que llegaban desde los pies. Estábamos ya en el km 52 y habíamos pasado el ecuador de carrera. A partir de ahora había que ir descontando...
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Entrando en La Bisbal de Falset.
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Calle recortada en la roca en La Bisbal de Falset.
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Ermita de la Mare de Déu de la Foia.
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La bajada a Cabacès, donde nos esperaba una grandísima merienda, la hicimos en un suspiro. La tarde de octubre caía a marchas forzadas y había que ganar horas de luz al máximo.
En el avituallamiento, en el que disfruté de un estupendo bol de ensalada de pasta, se encontraban muchos participantes buscando un respiro y un descanso, y entre ellos se encontraban otros 2 corredores con los que íbamos coincidiendo cada vez más a menudo desde hacía unos kilómetros, Pere Masó y Jordi Pons, con quienes pudimos seguir la carrera hasta el final, sirviéndonos de enorme ayuda por el buen ritmo que llevaban y por la seguridad que mostraban siguiendo las marcas de orientación durante la noche.
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Cabacès con los últimos rayos de sol.
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La carrera seguía, ya con buena compañía, y comenzaba un tramo duro con grandes subidas y bajadas, el sol se ponía y en plena oscuridad y con los frontales encendidos comenzamos a subir a La Figuera, para bajar después a La Vilella Baixa, subir de nuevo a La Vilella Alta y volver a bajar a Escaladei. Un no parar de subir y bajar, a través de todo tipo de terrenos, desde el más técnico de la bajada a la Vilella Baixa a las suaves y cómodas pistas que llegaban a Escaladei, lugar donde habría que replantearse la carrera para afrontar la tremenda subida al Montsant por el Grau de l'Escletxa y los últimos 20 kms de competición.
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El sol se puso a mitad de camino de Cabacès a La Figuera, detrás de la Serra de Gorraptes.
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Control 11, en La Figuera: fichar, beber agua y comer chuches de glucosa. Y a seguir...
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Tras una bajada por una tartera criminal llegamos al Pont de la Vilella Baixa.
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En la noche, corriendo por los caminos y senderos del Priorat.
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La Vilella Alta, con ganas de llegar a Escaladei.
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Tras pasar por el control y avituallamiento de Escaladei comenzamos la subida de 500 m de desnivel a lo alto de la Serra Major, a través de los senderos que utilizaban los monges cartujos, para afrontar los últimos 20 kms de carrera.
Pero había un enorme escollo que pasar, el Grau de l'Escletxa. Ayudados por cuerdas, en medio de la noche y con el vacío a nuestras espaldas, fuimos subiendo con toda la concentración del mundo por esta roca, en un momento en el que articulaciones, músculos y mente no daban demasiado rendimiento. Pero lo superamos... y empezamos a trotar por todo lo alto del Montsant, con una sensación de libertad enorme, un viento frío y cortante, por senderos pedregosos, con las luces del Camp de Tarragona hacia el Este y las de la Plana de Lleida al Oeste. Era espectacular. Más de una hora trotando allá arriba, con millones de estrellas lacrimógenas contemplando nuestro paso por la Cogulla y Senyalets, a más de 1.100 m de altitud, hasta el control 16, en donde comenzamos a bajar de manera fulminante hacia La Morera a través del Grau de la Grallera y sus murallas de piedra.
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Pasando bajo los arcos de Escaladei.
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Llegando a La Morera. Quedaba muy poco...
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Y es que el último tramo era una sucesión de toboganes con tendencia a subir en el que me tuve que esforzar mucho para poder seguir el ritmo de mis compañeros. En las subidas me dejaban atrás, pero en las bajadas, al trote, les alcanzaba. Así fueron sucediéndose uno tras otro cada tobogán, hasta que llegamos al control 18, faltaba sólo 1 km y se veían las luces de Cornudella de Montsant allí mismo...
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Pasando por las calles en la madrugada desierta de Cornudella de Montsant. Eran más de las 4 de la mañana y llevábamos más de 18 horas de competición.
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Al fichar en la llegada me sentía volar, por todo, por los sensacionales 97 kms recorridos cargados de sensaciones, sensaciones de todo tipo, corte y color, por superar otro desafío personal, por la carga de endorfinas que había generado. Es el ultrafondo. Eso es lo que tiene. Reventado por completo y pensando en cual será el siguiente...
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En la llegada de Cornudella, con Pere Masó a mi derecha y Artur Balfegó y Jordi Pons a mi izquierda, todos enormemente satisfechos con nuestro esfuerzo y entrega para acabar con éxito este ultra-trail tan exigente... y largo.
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Fueron 97 kms vividos intensamente para acabar haciendo un registro de 18 horas y 11 minutos, acabando en la posición 91 de un total de 185 corredores que tomaron la salida.
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Le quiero dedicar esta carrera, la más larga que realizado, a Claudia. Ella sabe lo mucho que he entrenado y lo que hay que sacrificarse y luchar para conseguir llegar a la meta. Y no debe olvidar nunca que ese es el camino, la hoja de ruta que todos tenemos delante para afrontar las diferentes pruebas que van surgiendo a lo largo de la vida. TQM.
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20 de septiembre de 2010

Matagalls- Montserrat, 5 años después...

5 años después volvía e encontrarme en Collformic, en pleno corazón del Montseny, para participar en la Matagalls- Montserrat, ultratrail de 83,4 kms y 5.980 m de desnivel total acumulado, y con las mismas perspectivas climatológicas: amenaza de lluvia en la salida que se hizo efectiva desde 3 horas antes de comenzar la prueba, se iba a repetir la historia del año 2.005...
La niebla de las cotas más bajas del valle fue subiendo y dio paso a una lluvia intensa que obligó a todo el mundo a protegerse bajo los árboles.
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La niebla del fondo del valle fue subiendo hasta taparlo todo y dar paso a la lluvia.
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La salida escalonada fue agrupando a los participantes en la esplanada bajo una lluvia que poco a poco se iba diluyendo. Las perspectivas pasaban por mejorar las 18 horas que hice en 2.005, intentando aproximarme en lo posible a las 15 horas. Las dudas pasaban por mi cabeza, las lluvias de los últimos días debían haber dejado muchos tramos de roca muy resbaladizos, la prudencia se adeñuaba de mis intenciones y pensamientos. Además no sabía en qué medida iba a responder a este ultratrail, el 5º del verano tras Montseny, Cap de Rec, Núria-Berga y Cavalls del Vent.
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Todo a punto junto al arco de salida, mirando que el reloj oficial de la prueba marcase las 16:04, hora asignada para mi salida y la de Moisses y Paco, con quienes compartí los momentos previos y quienes me aguardarían en la llegada de Montserrat.
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Con los amigos, Moisses, Carlus Vila, Paco y Oscar, bajo la lluvia poco antes de darse la salida.
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La lluvia a su vez dejó paso a la niebla, que en las zonas altas de la travesía nos acompañaría hasta el Coll del Vinardell, km 42 de carrera. El tramo del Pla de la Calma, primeros 11 kms, no deparó otra cosa que lluvia y niebla en medio de un ambiente gélido. Allí aproveché para trotar todo lo que pude e ir ganando tiempo, adelantando a un buen número de participantes que iban caminando hasta que ya comenzaron a adelantarme a mí los corredores más fuertes que tomaron la salida en los minutos posteriores a la mía. El objetivo, llegar al estrecho y resbaladizo sendero de bajada a Aiguafreda sin encontrar retenciones.
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Siluetas... las lejanas siluetas de Moisses y Paco que se alejaban en medio de la niebla...
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L'Agustí, masía típica del Pla de la Calma... se acababa el camino y comenzaba la abrupta bajada hacia Aiguafreda...
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La bajada a Aiguafreda estaba muy peligrosa con las lluvias. Tramos de fuerte pendiente con losas planas que en principio no dieron problemas dieron lugar a otros tramos con rocas más lisas y duras que eran auténticas trampas que hicieron caer a más de uno... yo por suerte y prudencia me libré. La llegada a Aiguafreda fue emocionante, con bastante público aplaudiendo nuestro paso.
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El sendero y las losas resbaladizas que llevaron a algunos al suelo.
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El puentecito sobre el río Avencó que da entrda a Aiguafreda. Un poco más adelante estaba Angela Run Cicling dando gritos de ánimos...
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El siguiente tramo comprendía la pronunciada subida al Pla de la Garga por una pista que dejaba ver el paisaje de la Vall del Congost y un Montseny todavía tapado por las nubes. Con un buen ritmo de bastones me planté arriba, pasando por el control 2 y volviendo a trotar un buen tramo hasta llegar a la subida del Fabregar.
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La pista de subida al Pla de la Garga con los Cingles d'en Cerdà.
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Desde lo alto se veía Aiguafreda, la Vall del Congost y el Montseny medio tapado por las nubes. Aquí me adelantó Xavi Moll, quien tras su reciente y brillante participación en la CCC iba rapidísimo camino de Montserrat.
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En el tramo de bajada de el Fabregar a Sant Quirze Safaja comencé a sentir los primeros síntomas de cansancio y dolor. El desgaste de los ultratrails del verano se hacía patente y los pies daban su señal de alerta.
El camino por el Serrat de la Codina fue tortuoso, con un largo descenso a través de monte bajo que me obligó a ir vigilando las ramas... descuidando la vista al suelo hasta que una raíz me hizo caer de golpe, sin más consecuencia que unos arañazos causados por los matorrales. Pronto llegué a un claro que me ofreció unas vistas espectaculares hacia las colinas del Moianès sobre las que una franja de luz naranja anunciaba la pronta puesta del sol.
Era el km 28 de carrera y llegaba al control de la Roviereta, en donde unos frescos botijos apaciguaron mi sed. La subida al Coll de Poses nos adentraba en un pequeño pero oscuro bosque que indicaba la necesidad de encender los frontales. Tras parar en el avituallamiento unos minutos reemprendí la marcha, ahora ya sí, con las luces encendidas y con los ánimos dispuestos a emprender la etapa nocturna... y quedaban aún 52 kms para el final...
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Desde el Serrat de la Codina se veían bonitas perspectivas del Moianès con un sol naranja que quería mostrarse en una estrecha franja entre las nubes y el horizonte más lejano.
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En el control de la Rovireta aproveché para beber abundante agua fresca. Los pies me empezaban a doler con ganas...
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A partir de este momento la carrera sería nocturna, quien sabía si hasta llegar a Montserrat. Con el ritmo que llevaba, corriendo en todos los tramos posibles, las previsiones iban a bajar bastante mi marca en esta prueba y todo hacía indicar que llegaría aún de noche a la meta del Monasterio.
Por la zona del Coll de Matafaluga, control 4, había mucha niebla, y muy densa, era muy difícil orientarse y ver las marcas de verde y rojo de la prueba. La refracción de la luz apenas dejaba ver las irregularidades del camino y ello provocaba dificultades en el paso.
La fuerte y agreste bajada desde el Serrat de les Pedres hacia el Coll del Vinardell fue dejando poco a poco la niebla atrás, pudiéndose ver las luces de Sant Llorenç Savall en el fondo del Valle del Ripoll.
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Los reflectantes de las mochilas eran la única luz que podía verse de tanto en tanto. El resto era todo oscuridad...
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En el Coll del Vinardell ni siquiera era posible ver con claridad el suelo.
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En Sant Llorenç Savall se ubicaba un animadísimo avituallamiento en el que paré unos instantes a beber cola y tomar unas avellanas y unos deliciosos fresones secos confitados. Era el km 45, pasado el ecuador de carrera, y llevaba 6 horas y media de competición. Veía que si continuaba con ese ritmo podría bajar de 15 horas pero quedaban 3 subidas muy fuertes, la Mola, el Queixal y Montserrat y la peor bajada, por lo dura y larga, la de les Vendranes. Debía luchar mucho para conseguirlo...
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Al pasar de Sant Llorenç a la Vall d'Horta volvieron a aparecer ramos de niebla entre la luz de la luna, dándole este aspecto a la cruz que hay en lo alto de la colina.
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Llevaba muchas horas corriendo en soledad, con alguno de los corredores rápidos que salieron en turnos posteriores al mío que me adelantaban. El paso a lo largo del lecho del Riu de les Arenes me llenó de inquietud. No veía marcas por ninguna parte. Veía luces de otros participantes que iban fuera del cauce y pensaba que me había equivocado. Sabía que el desvío que daba paso a la subida hacia la Mola estaba semi-oculto y debía ir con mucho cuidado para no pasarlo... hasta que lo encontré y comencé la subida, una subida eterna, dura, con raíces, piedras, ramas bajas... así hasta llegar a los pies de la recortada Castellassa de Can Torres, intentando no perder de vista las marcas y comenzar el tránsito por las resbaladizas cornisas de piedra de la Mola, una tras otra hasta el Coll de Grua, km 57 de carrera, que daba paso a una zona de urbanizaciones de Matadepera en donde podría volver a trotar y arañar minutos, aquí sí, adelantando a otros participantes que se encontraban en peores condiciones, y lo que son las cosas, revirtiéndome a mi de manera positiva insuflándome nuevos ánimos al ver que quizás mi estado no era tan malo como pensaba.
En la subida hacia el control del Queixal, en la Serra de l'Obac, me impuse un buen ritmo ayudado por el braceo de mis bastones. Eran las 2 de la madrugada y aún me quedaban 19 kms, veía posible hacer sub 15 horas y acercarme mucho a las 14... pero temía la horrible bajada, aún la recordaba de hacía 5 años, a les Vendranes a través de una tartera criminal, con muchos saltos importantes, plagada de pedruscos y raíces y en la que tenía poco que ganar y mucho que perder.
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Desde lo alto de la pista del Queixal a la Casanova de l'Obac, y tras una loma, se aparecieron las luces de Barcelona, a lo lejos, temblorosas... preciosas...
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Infernal. Sufrí muchísimo en la bajada a les Vendranes. Llegué a maldecir en varias ocasiones a causa de algunos resbalones y tropezones sin consecuencias... pero llegué, por fín, y sellé... y me fui pitando por un sendero en subida hacia Vacarisses en donde un apetitoso avituallamiento me esperaba.
Este tramo a lo largo del término de Vacarisses , a través de pistas y caminos planos y calles de urbanizaciones asfaltadas, supuso un descanso para los pies pero la continuada bajada me cargó mucho los cuádriceps. Al pasar por la Estación de Vacarisses recibí la llamada de Paco para anunciarme que él y Moisses ya habían llegado a Montserrat, completando la prueba en 11h 30m, sin duda un gran éxito para ambos. Ello me animó para seguir con más ganas. Al diablo los pies, los cuádriceps y todo lo demás. Las luces del Monasterio se veían desde hacía rato y me faltaba muy poco. Llegué al control de la Creu de l'Hostal, km 77 de carrera, y desde allí se veía Monistrol a tiro de piedra. Me lancé por el camino de bajada y sin darme cuenta, producto del sueño seguramente, me encontraba cruzando el puente sobre el Río Llobregat. Atravesé el pueblo y llegué hasta el comienzo del camino de subida a la Muntanya de Montserrat. Tres. Tres kms más y ya lo tenía...
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La preciosa Plaça del Bo-Bo de Monistrol de Montserrat.
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Desde Vacarisses no había mirado el reloj, no me quería dar presión después de 70 kms, y no lo hice, quería subir tranquilo. No estaba seguro de cómo iba a respoder en la dura ascensión por lo que prefería estar tranquilo y dejar que pasaran uno tras otro esos 3.000 m finales. Miraba atrás y veía las luces de toda la cuenca del Llobregat, era espectacular, un regalo para los sentidos, al igual que los sonidos de la noche, las lechuzas, los grillos, los mochuelos, los chorrillos de agua... y los olores de las plantas, dulces, ácidos ó fétidos, todo en su conjunto una amalgama de sensaciones que desde que se hizo de noche en el Coll de Poses me acompañaba hasta allí, observando hacia arriba la proximidad de un Monasterio colgado de la mole de piedra y hacia abajo un sendero con decenas de lucecitas que se movían siguiendo mi estela. Así hice la subida, en modo perceptivo al 100%, hasta que al llegar a las primeras losas pavimentadas las estruendosas campanas del Monasterio anunciaban alguna de las actividades de la abadía.
Entonces sí, miré el reloj y faltaban pocos minutos para las 6 de la mañana... y apreté, apreté, apreté el paso. Desde una balconada me animaban acompañantes de otros corredores y subí las últimas escaleras corriendo, y al doblar a la derecha, llegando a la esplanada del Monasterio, me encontré con una maravillosa alfombra roja que mis pies, y mi espíritu, pisaron con la mayor satisfacción del mundo.
Las campanas volvieron a sonar, pero con mucha más fuerza y retumbaron en toda la montaña estremeciendo el silencio de la madrugada. El reloj oficial de la llegada marcaba las 06:00. Me entró escalofrío, por la temperatura y por comprender que acababa de hacer algo grande en mi ser, una muestra más de mi superación personal, una enseñanza que llevo, y me esfuerzo por llevar, a las demás facetas de mi vida.
Sí, eran las 6 de la mañana, 13 horas y 56 minutos después de darse la salida bajo la lluvia en Collformic, invadido por la sensación de felicidad absoluta que produce el haberlo dado todo para conseguir el objetivo y conseguirlo.
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Delante del Monasterio, con la estatuilla de madera tras completar la carrera.
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Gracias a todos los que han contribuído a facilitar este éxito, mi familia, mis amigos, la organización. Gracias a los que creen en mis posibilidades y me animan cuando me ven decaído y desmotivado. De corazón, gracias a todos...
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5 de septiembre de 2010

Velada nocturna de mar y montaña: Burriac Atac!

Noche cálida de verano, bochorno en las caras y en los cuerpos que aguardaban la salida de la carrera junto al Ayuntamiento de Vilassar de Mar y ambiente excepcional con 670 participantes y casi todo el pueblo animando en las calles.
Muchísimos conocidos en los momentos previos a la carrera y un placer saludarlos a todos... y el gusanillo de sentirse en casa, en nuestras montañas de la Serra de Marina... y la emoción de lo exigente de la carrera, de 18,12 kms y 800 m de desnivel en subidas, pero con tramos muy técnicos y muy peligrosos para realizarlos de noche, como la bajada del Turó de l'Infern, los Uiuiui, ó la nueva bajada a Cabrera desde el Turó dels Oriols llena de trampas.
Y la llegada en las arenas de la Playa de Cabrera de Mar, entre antorchas y cientos de animadores enloquecidos...
En definitiva, una carrera con todos los ingredientes para disfrutar al máximo con los amigos de la montaña, del mar, del bosque, de la noche, y de la fiesta final...
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Con Moisses y Karli, y nuestros fabulosos ledlensers que nos habrían de dar un grandioso chorro de luz en medio de la oscuridad del bosque y de la noche...
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Silueta del Castell de Burriac en una toma realizada días antes al anochecer en un entrenamiento.
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Mataró, Llavaneres y el Mediterráneo.

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Las luces de Cabrils, Vilassar de Dalt y, en el último horizonte, Barcelona.
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La carrera masculina salió de manera frenética. Nadie quería tener que hacer colas en los tapones habituales del Turó de l'Infern.
Salí en la mitad de carrera pero perdiendo poco a poco posiciones hasta llegar a las primeras rampas por la ladera de Montcabrer, allí me consolidé en el grupo en el que iba y comencé a recuperar posiciones, así hasta el primer tapón en la subida al Turó, en la que intenté atajar por laterales recortando más posiciones.
La bajada hacia la riera de Cabrera me bebefició, sobre todo en el avituallamiento, en donde no me detuve (la verdad que no me detuve en ninguno) posibilitando dejar atrás más competidores.
En la siguiente subida comencé a adelantar a más corredores y a los primeros grupos de mujeres, que salieron 15 minutos antes, y en Les Banyadores me encontraba lanzado, con ganas de correr en toda la subida, encontrando huecos para poder adelantar.
Las bajadas por la vertiente norte, por la zona de los Uiuiui, las hice de manera prudente, sin arriesgar, sabía que tenía poco que ganar y mucho que perder, como 3 corredores ( 2 por delante y 1 por detrás mio) que dieron con sus cuerpos en el suelo. La adrenalina corría a raudales ante el peligro y me llevó en volandas a la escalada por las rocas de Burriac, a donde llegué más entero que los que me acompañaban.
Una rama me agarró fuertemente en la bajada del castillo, enganchándose con rabia en la sisa de la manga haciéndome girar contra el tronco de un madroño sin más consecuencias.
La bajada a Cabrera fue brutal. La gente iba a saco y nadie quería perder puestos, pero algunos pararon a beber en la Plaza y otros se toparon con el repechón camino de Cabrils obligándolos a caminar. Yo seguí a mi trote, alejándome de esa pequeña concentración de corredores y realizando el resto de la carrera prácticamente solo, hasta la arena de la Playa de Cabrera, en donde entré completamente feliz por la carrera realizada, en 2:31:03 (posición 288 de 482), con unas características que en principio no me eran muy favorables, como la Olla de Núria, pero que me acabó por demostrar que los entrenamientos y la preparación, también psicológica, dan sus frutos.
El gentío, las antorchas, los aplausos, la música de fiesta, el sonido de las olas, el avituallamiento final y el reencuentro con los amigos pusieron el broche de oro a una carrera de noche de verano que no debería perderse nadie...
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