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18 de marzo de 2008

Caipirinha y Samy

Estos son los nombres de las dos gatas de mi amiga Leia, de Belo Horizonte. Su casa es especialmente acogedora para todo tipo de bichos, personas y plantas: conejos, tortugas, perros, gatos, iguanas, entre otros, y, hasta marido, conviven armoniosamente allí.
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Esta marquesona es Caipirinha


Y esta gata diabólica es Samy

Gracias por regalarme este precioso bonsai-papiro:
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1 de diciembre de 2007

Desde mi ventana

De regreso en casa. Mi principal contacto con el exterior es mi ventana. Desde ella percibo el paso de las horas, el tiempo que hace, los sonidos y ruidos de la calle y del campo. Algo tan sencillo y poco valorado en nuestros tiempos.
Antes de comenzar a salir de casa observo el entorno que me rodea, la calle, la gente, los vecinos, la montaña, el cielo. Después de una larga ausencia todo parece que sigue igual. Mejor.
Amanece, abro un poco la persiana, todo parece tranquilo. Hay mucho silencio.
Abro del todo la ventana. Hace fresco, cuando salga el sol volveré a asomarme.
Me asomo de nuevo a la ventana. Es el mediodía de una mañana de noviembre, los árboles quieren perder las hojas. Es el fin de un ciclo. Es el comienzo de otro. Igual que yo.
Levanto la vista y observo la montaña, está todo muy tranquilo. Oigo un pájaro, ¿dónde estará?

La atmósfera está en calma, no se mueve el viento. El pájaro sigue cantando: a éste le gusta el otoño, no como a mí. Yo diría que es una paloma, a ver..., sí, ya la veo, en lo alto, en la flor de pita.

Girando la vista veo las ruinas del antiguo telar, la maleza lo está terminando de devorar.

En el balcón, las plantas comienzan a acusar el descenso de la radiación solar, se están aletargando, como mi cactus favorito que crece en el agujero de una piedra volcánica.

Pero no todo son malas noticias, el bosai olivo exibe orgulloso su fruto, este año tiene 5 olivas.

Por la tarde observo las casas del pueblo. Comienza a refrescar, la temperatura parece caer en picado. En mi barrio el sol ya se ha puesto tras la montaña pero a lo lejos, hacia la costa, todavía se puede ver la luz del sol. El mar se aparece a lo lejos, me espera. Él también. Espera el dia que llegue con mi kayak y me introduzca en sus aguas.

Definitivamente, la temperatura ha caído en picado y necesito entrar en casa. El sol se escondió tras el Turó d'en Cases y sólo se puede vislumbrar su silueta. Siento deseos de subir allí arriba. Es la última imagen que veo desde mi ventana.