24 de marzo de 2012

Marató del Congost, un plus de exigencia.

Qué buenas sensaciones me ha dejado mi 11ª maratón, la 5ª por montaña. De entrada pude disfrutar con la compañía de un buen número de amigos que también vinieron. Y del recorrido, muy bonito, por el Parc Natural del Montseny. Y de la buena organización de la prueba, chapeau. Y del ambiente excepcional de corredores de montaña con muy buen rollo entre todos a lo largo de la carrera, como una gran família.
Pero esta maratón es enormemente exigente. Por longitud y desniveles podría ser considerada la más dura de toda la península. Y así lo hemos certificado los 300 participantes, sufriendo en nuestras propias carnes los 44 kms recorridos, los 6.400 m de desniveles acumulados y repartidos en subidas castigadoras y bajadas muy técnicas. En mi memoria quedan guardados todos estos ingredientes más el añadido de haber podido hacer toda la prueba en compañía de Alex, un lujo del que hoy pude disfrutar.


 Retirada de dorsales y chips en el pabellón de Aiguafreda, con Francisco del Moral, Bruno Puighermanal y Jose Manuel Cancio.

 Emoción en el cajón de salida, con cientos de corredores dispuestos a sufrir la maratón.

 En el pelotón de salida por las calles en cuesta de Aiguafreda. Foto de Fotoscurses Assumpta.
 Llegando a Sant Cebrià.

 Bajando hacia la Riera de Vallcambrils. Carlos Martín, que participaba en la Mitja Marató y que bajaba volando en los primeros puestos de esa prueba, me animó diciéndome que iba bien.

 Subiendo el Purgatori.

 La llegada a las fajas de Ca l'Agustí permite contemplar el Castell de Tagamanent y otras formidables vistas.

 Pasando por Ca l'Agustí.

 Llegando al avituallamiento de Bellver con Alex. Allí estaba Jaume Soler dando ánimos a todos. Foto de Fotoscurses Assumpta.

 Reponiendo fuerzas en el avituallamiento de Bellver, km 26, tras subir el Purgatori. Foto de Sportvicious.

 Con Alex, frente al Castell de Tagamanent y a los Cingles de Bertí, donde esperaban las 2 subidas finales. Foto de Alex Balari.

 Llegando a la cima del Castell de Tagamanent.
 La bajada desde el Castell de Tagamanent al Riu Congost la hicimos muy rápida. En el control del km 30 había una gran animación con globos y todo que habían preparado Txell, Dolo y Jordi Casanova.
Esta vez el cruce por las aguas del rio se hizo sin ningún inconveniente debido al bajo caudal que llevaba.

 Subiendo a la Trona, la 5ª subida importante de la carrera.

A quien no eché hoy de menos fue a la bruja de la escoba, quien había de ir cerrando la carrera y barriendo a corredores rezagados, porque hoy mi posición era notablemente más adelantada que el año anterior, logrando acabar por debajo de las 8 horas, 7h 55m concretamente. A pesar de que algunas personas de mi entorno ya lo pronosticaban, todavía no me puedo creer haber rebajado 1 hora mi marca en esta maratón, cosa que me da moral para afrontar los próximos retos importantes.

 Con Alex Balari, una vez llegamos a meta, por debajo de las 8 horas.

Con Dolors Puig, recién llegada de la Atacama Crossing, con quien intercambié vivencias y planes de carreras durante unos minutos.

  Gracias a todos por vuestros ánimos durante los días previos a la maratón y durante la carrera, sin ellos no habría arriesgado como lo hice. 

4 de marzo de 2012

Massif du Carlit en raquetas de nieve.

Esperada sesión de raquetas de nieve en la localidad francesa de Porté- Puymorens, a lo largo del Valle de Lanoux y bajo la inmensa mole del Carlit, preciosa montaña de 2.921 m. que, junto con Pic de Font Vives (2.673 m) los Picos de Coll Roig (2.833 m y 2.804 m) y el Pic de Fontnegra (2.830 m), le confieren a este valle apartado y deshabitado un aspecto ciertamente salvaje.
Acompañado por buenos amigos, comenzamos la sesión remontando el valle por el margen izquierdo del río Carol, entre las sombras de las cumbres de la Serra del Bac d'Hortella. Fuimos atravesando diferentes riachuelos medio tapados por la copiosa nevada hasta llegar al puente de Font Vives, en donde comenzamos una subida abriendo traza en la nieve virgen, disfrutando del crujir de la nieve con las raquetas, de las vistas y horizontes que se iban apareciendo, y de la cumbre de un Carlit que invita a subir a él.
 
 El Valle de Lanoux.

 Mis colegas más chistosos y bromistas se portaron muy bien, el día que se empiecen a gastar bromas el uno al otro puede ser tremendo.

 Atravesando uno de los riachuelos afluentes del Carol.

 Le Chemin de Passet, y al fondo el Fontnegra, que domina el valle por el oeste.

 Cascada de hielo fruto de la pequeña glaciación vivida estas últimas semanas.

 Delante de una cascada de hielo. Foto de Rosa M Amorós.

 Con paso firme.
A buen ritmo por momentos, siguiendo el paso de Siscu y ensayando la técnica de raqueta. Foto de Eduard González.

 La idea era llegar hasta el Lac de Lanoux, pero una serie de dudas de orientación, y el hecho de no encontrar signos de sendero alguno bajo la nieve nos hizo pensar que quizás lo mejor sería parar a comer en una estupenda plana, sobre una losa de piedra que habíamos contratado previamente al Sr. Carlit.

 Este prado nevado nos paralizó. Las vistas al Carlit eran espectaculares.

 Al fondo el Carlit.

 En este claro paramos un buen rato. Al otro lado del valle unos corzos contemporizaban nuestros movimientos. Foto de Rosa M Amorós.

 La quietud del valle se rompía con el crepitar de las raquetas.

 Siscu atraviesa otro riachuelo.

 Rosa y Albert.

 Vista atrás al Fontnegra (2.830 m).

 Parada para almorzar en una estupenda losa de piedra reservada para la ocasión.

 El clásico dúo con Eduard De Les Muntanyes. No es un crack porque no quiere. Foto de Eduard González.

Tras el almuerzo reparador seguimos la marcha hasta el cruce de los senderos de Coll Roig y Lanoux, en donde tomamos la decisión de volver, ahora sí, siguiendo la traza de las raquetas de alguien, siguiendo el curso intermitente de un rio Carol que tan pronto aparaecía, tan pronto se ocultaba bajo el grueso manto de nieve.

 El río Carol.

 El Pic de Font Vives.
 Todos a una.

 Colección de raquetas.

 Bajando a lo largo del cauce del rio Carol.

 El rio Carol aparecía y desaparecía entre la gruesa capa de nieve.

 La incertidumbre de hundimiento sobre el río no se nos iba de la cabeza.

 Siscu atraviesa otro riachuelo.

 Subiendo un repechón.

El rio Carol.

 Al llegar al Lac de Passet nos encontramos con un paisaje demoledor: el lago estaba completamente helado aunque ofrecía signos de deshielo en su orilla norte, la más soleada. La pequeña glaciación vivida las semanas anteriores y las nevadas posteriores habían convertido el lago en una blanca y extensa llanura sin solución de continuidad. Tras atravesar el río en su desembocadura seguimos una traza de raquetas existente que cruzaba el lago. Hipnotizados por tan fascinante idea y embriagados por el espíritu de la montaña fuimos los 5, uno tras otro, siguiendo aquel rastro. En el centro del lago las raquetas agrietaban la capa de hielo, éste se fundía y pisábamos agua... Una vez en tierra entendimos que habíamos sido muy temerarios... Demasiado...

 Atravesando el río Carol al llegar al Lac de Passet.

 El Lac de Passet.

 Reflejos en el rio Carol.

 Naturaleza helada.

 El río Carol llega al Lac de Passet.

 Siscu pasa sobre el puente de troncos.

 Bordeando el Lac de Passet.

 Atravesando el Lac de Passet.

 Atravesando el helado Lac de Passet, intentando no pensar en lo que había debajo... Foto de Eduard González.

 El helado Lac de Passet.

 Las cuchillas y clavos de las raquetas rompían la superficie helada del lago. El hielo se deshacía y pisábamos agua...

 Edu quería hacer pipí, pero eso le podría costar allí un disgusto...

Pues sí... éste es el lago de Passet visto en otra estación del año... quien diría que lo atravesamos caminando sobre su costra helada...

El regreso a Porté, ya sin raquetas y por una carretera desprovista de nieve, lo hicimos rápidamente, mirando atrás repetidamente para observar la silueta de esa montaña llamada Carlit que me ha cautivado por completo.
Pude estrenar las raquetas 999 de Salewa. Sin otro referente previo pues debutaba practicando raquetas, sólo puedo decir que su agarre fue excelente, no se deslizaron en ningín momento ni aún atravesando enormes capas de hielo y su ligereza las hacen muy cómodas de llevar.
La sesión, de 14,5 kms y 900 m de desniveles acumulados duró 6 horas con todas las paradas, imposible no hacerlas en un entorno tan espectacular y sencillo a la vez.