Trasladarse 400 kms hasta Ruesca, 80 habitantes, reino del silencio; nada más despertarme, muy tarde, y abrir la ventana percibí los cantos claros y alegres de centenares de pajarillos que presienten la tardía llegada de la primavera al Imperio del Frío, el eje Soria - Teruel.
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La mañana invitaba al paseo, por las cercanías, porque el azul grisáceo del cielo producía desconfianza. Mi perrita no quiso acompañarme, se quedó tumbada al sol en el poyo de la puerta, ella también se relaja allí.
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Fui a buscar agua a la fuente, como tantas veces, y aún no se me ha roto el cántaro, el sonido líquido de los chorros claros invitaba a beber.
Al lado, el lavadero sigue desierto, ya no tiene lavanderas que se cuenten sus cosas, ni que remojen sus ropas, ni que restrieguen el jabón de grasa, estampa no tan lejana...
Y detrás, la balsa, que acoge cientos de ranas que aguardan la llegada de una noche templada para ponerse a cantar.
Y junto a la balsa, mi huerto, esperando llenarse de amigos bajo las sombras de los árboles en el verano y con la barbacoa lista para hacer una buena brasa.
Pero el cierzo comienza a soplar con fuerza y advierte que lo mejor es volver a casa cuanto antes.
Se anuncia una fuerte bajada de temperaturas y la llegada de un temporal, y es cierto, la tarde se vuelve criminal. Mejor estar en casa, al calor, con la compañía de amigos, primos, tíos...hay muchas cosas que contar.
Los niños vienen diciendo que nieva: una desapacible ventisca parece haberse escapado del mismísimo Polo Norte. ¡Vaya noche de cierzo y frío! Pero nada que no puedan solucionar 5 mantas...
Por la mañana reina el silencio de nuevo. Algunos almendros al abrigo han conseguido mantener sus flores, que contrastan con la nieve caída durante la noche.
Instantes de tregua para salir a pasear y acompañar a mi mujer a entrenar. En lo alto, lo vigilan todo el Pico del Rayo, blanqueado, en la Sierra de Vicort......y el Mojón Alto, en la Sierra del Espigar, a los cuales subí en mi último día de entrenamiento, allá por el 11 de Agosto...me parece un siglo...
Pero de nuevo se aproxima otra ventisca, que va enblanqueciendo el páramo, por Mara, lo que obliga a volver apresuradamente a casa. Mi mujer continúa y disfruta de la experiencia única de correr nevando.
El cierzo arrecia y las ventiscas se suceden sin parar. El resto de las vacaciones se pasan en casa, al abrigo...
...hablando interminablemente de las cosas de los pueblos con los familiares y amigos, disfrutando de su compañía y de la gastronomía propia de la zona y de estas fechas.
¡Pero qué buenas las torrijas que hace mi cuñada! "Maño, pues, pan es", me dice modestamente...



El sonido refrescante de la fuentes de Montjuïc despide a todos los asistentes...
Éste es el Reino de Filípides.